El politólogo Franklin Pareja señaló que la censura al ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, evidencia la fragilidad política del Gobierno en la Asamblea Legislativa Plurinacional, luego de que 91 legisladores votaran a favor de la medida, frente a 34 que la rechazaron. El analista sostuvo que el resultado muestra que el Ejecutivo no tiene un control cohesionado del Legislativo, en contraste con el discurso de una nueva gobernabilidad basada en acuerdos individuales.
Pareja explicó que, si bien la votación no alcanzó los dos tercios del total de los 166 asambleístas, el respaldo de 91 diputados a la censura constituye una señal política que el Gobierno debe tomar en cuenta. “Eso significa que el gobierno no tiene un control de la Asamblea Legislativa, como quiere dar a entender”, afirmó.
A su criterio, el resultado adquiere mayor relevancia porque el Ejecutivo necesita respaldo legislativo para avanzar con un paquete de reformas que incluye proyectos vinculados con minería, hidrocarburos, inversiones, educación y oro. Sin embargo, advirtió que Bolivia atraviesa una “parálisis legislativa” porque, después de varios meses de gestión, todavía no se concretó la aprobación de las principales leyes planteadas por el Gobierno.
El politólogo consideró que la censura también refleja un desgaste de la figura de Espinoza y recordó que el ministro perdió respaldo no solamente entre fuerzas opositoras, sino también dentro de sectores que respaldan al Gobierno. En ese contexto, afirmó que actualmente el titular de Economía tendría como principal respaldo al presidente Rodrigo Paz.
Sobre la posibilidad de que el Ejecutivo consulte al Tribunal Constitucional respecto a la validez de la censura, Pareja evitó emitir un criterio jurídico definitivo y señaló que corresponde esperar un eventual pronunciamiento constitucional. No obstante, desde el punto de vista político, sostuvo que el resultado de la Asamblea constituye una señal “desastrosa” para el Gobierno.
Pareja sostuvo que la actual composición de la Asamblea, donde ninguna fuerza política tiene mayoría, no necesariamente representa un problema para la democracia. Por el contrario, consideró que puede ser una oportunidad para recuperar prácticas de diálogo, negociación y consenso.
“El poder se comparte”, afirmó al explicar que una democracia saludable requiere acuerdos entre las distintas fuerzas políticas.
En ese sentido, cuestionó la estrategia de construir acuerdos directamente con legisladores individuales sin una negociación política más amplia con las bancadas y sus dirigentes. Para Pareja, el Gobierno debería presentar sus proyectos, dialogar con los líderes políticos, reunirse con las diferentes fuerzas y socializar sus propuestas.
“Eso es política en democracia”, sostuvo.
A su juicio, la votación que derivó en la censura de Espinoza demuestra que la denominada “nueva gobernabilidad” todavía no tiene una estructura sólida y que el Ejecutivo necesita construir consensos para evitar que las diferencias políticas terminen bloqueando sus principales iniciativas.
El analista también cuestionó la conducción del Gobierno y calificó su comportamiento como “errático” e “improvisado”. Consideró que la falta de una visión de país y la ausencia de cambios estructurales estarían contribuyendo al escenario de parálisis.
En particular, sostuvo que si el objetivo es modificar el rumbo económico del país, no basta con aprobar nuevas leyes, debido a que existen disposiciones constitucionales que, según su interpretación, funcionan como “candados” para determinadas reformas.
“Si quieres implementar una visión diferente y un modelo distinto, tienes que atacar el problema de raíz”, afirmó.
Pareja consideró que el Gobierno enfrenta así un escenario complejo: necesita acuerdos con la Asamblea para aprobar sus reformas, pero al mismo tiempo debe enfrentar cuestionamientos políticos desde distintos sectores.
En otra parte del análisis, Pareja sostuvo que la crisis no se limita al Gobierno, sino que alcanza al conjunto del sistema político boliviano. Según su evaluación, actualmente existe un sistema político, pero no un sistema consolidado de partidos ni liderazgos nacionales capaces de articular proyectos de largo plazo.
“Bolivia no tiene partidos políticos. Tiene agrupaciones”, afirmó.
Para el politólogo, la pérdida de protagonismo del MAS y el debilitamiento del liderazgo de Evo Morales dejaron a una parte del denominado bloque popular sin una figura capaz de concentrar sus aspiraciones políticas.
Consideró que ese sector mantiene presencia social y sindical, pero se encuentra disperso y sin un liderazgo definido, mientras las diferentes fuerzas políticas buscan posicionarse ante un escenario que, a su juicio, comienza a anticipar una nueva disputa política.
Pareja concluyó que Bolivia atraviesa un momento de crisis del sistema político, marcado por la falta de partidos consolidados, ausencia de liderazgos fuertes, atomización de las fuerzas políticas y un Gobierno con dificultades de gestión y articulación legislativa.
