El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, informó este lunes que inició una agenda internacional enfocada en la apertura comercial y la descentralización económica del país, en coordinación con el Gobierno Departamental de Santa Cruz de la Sierra.
Durante su intervención, Paz señaló que este fin de semana viajará al norte del continente tras una invitación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, donde —según afirmó— el posicionamiento de Bolivia será de “apertura para el comercio y la economía”.
Posteriormente, anunció encuentros bilaterales con el presidente de Honduras, Xiomara Castro, además de reuniones estratégicas con autoridades de Chile y Perú, países que calificó como claves para fortalecer la relación comercial con el Pacífico.
Asimismo, adelantó un encuentro con el rey Felipe VI y confirmó la visita del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, prevista para mediados de marzo, con el objetivo de consolidar acuerdos económicos y empresariales, especialmente en regiones como Santa Cruz y Beni.
Inicio del proceso “50-50”
En el plano interno, el mandatario anunció el inicio de la primera fase técnica del denominado proceso “50-50”, una propuesta orientada a profundizar la autonomía regional y redistribuir responsabilidades entre el Gobierno central y las entidades subnacionales.
Paz explicó que la medida no implica desorden fiscal ni simple redistribución de recursos, sino una reforma estructural para lograr mayor eficiencia estatal, reducir burocracia y fortalecer la gestión territorial.
“El desarrollo no puede seguir concentrado en escritorios lejanos a la realidad de los bolivianos”, afirmó.
Indicó que se conformarán mesas técnicas sectoriales y se revisarán decretos y normas que —según sostuvo— han concentrado poder en el nivel central del Estado. Además, convocó a sectores productivos, sociales y autoridades electas a sumarse al proceso.
El presidente también advirtió que el “50-50” no debe ser utilizado con fines electorales ni como herramienta de confrontación política, y aseguró que se trata de una decisión estructural destinada a transformar la organización del Estado boliviano.
Finalmente, reiteró que su gestión busca dejar atrás la confrontación política de los últimos años y consolidar un modelo de desarrollo con mayor participación regional y apertura internacional.
