Tres niñas guaraníes que fueron víctimas del sacerdote jesuita Lucho Roma en Charagua rompieron el silencio y denunciaron los abusos que sufrieron durante su infancia. Según Pedro Lima, exjesuita, estas denuncias han escalado a nivel internacional debido al encubrimiento sistemático de altos cargos de la Compañía de Jesús.
“Lo triste es que estos sacerdotes, conociendo esa evidencia abrumadora, lo archivaron como top secret para que nadie pudiera conocerlo, porque vulnera realmente los derechos de las niñas de manera impresionante”, afirmó Lima. Las víctimas denunciaron que Roma, quien fue director del kinder San Pedro Claver en Charagua, dopaba a las niñas, las fotografiaba desnudas y producía pornografía infantil para chantajearlas.
Además de Roma, cuatro exprovinciales y un sacerdote están siendo investigados por encubrimiento. Lima aseguró que incluso existían registros en diarios personales del agresor, donde documentaba más de 70 víctimas con detalles de sus abusos: “Consideramos que fácilmente podrían llegar a unas centenas si se toma en cuenta que él abusó a su entorno cercano, a la parroquia, a niñas que pertenecían a su kinder”.
El caso ha trascendido fronteras. “La anterior semana, en Barcelona, el defensor del pueblo ha abierto una investigación contra los jesuitas en Bolivia, porque ellos mandaban a Bolivia como su basurero de pederastas. Todos los más graves denunciados en España venían aquí a abusar impunemente de niños”, explicó Lima. El Parlamento catalán también ha iniciado investigaciones sobre la responsabilidad institucional de la Compañía de Jesús en estos casos.
Lima destacó que esta violencia no fue un hecho aislado: “Son prácticas institucionalizadas llamadas trata y tráfico de personas. En Bolivia, los pederastas enviaban niños de un hogar a otro, de una escuela del oriente al occidente del país”.
El exjesuita valoró la valentía de las víctimas y destacó la importancia de la cobertura mediática y de la organización Comunidad Boliviana de Sobrevivientes, que brinda contención y apoyo legal. “Este proceso internacional representa una esperanza para que se haga justicia y se repare a las víctimas”, señaló.
