El politólogo Franklin Pareja aseguró que la declinatoria de un candidato en La Paz no fue voluntaria, sino una decisión asumida por su organización política.
“El candidato no se ha bajado, en realidad lo han bajado”, afirmó, al señalar que este tipo de situaciones no es habitual en procesos electorales.
Explicó que, aunque un candidato podría mantener su postulación, en la práctica la normativa otorga mayor control a los partidos. “El diseño electoral está por encima de los derechos constitucionales”, sostuvo.
En ese contexto, cuestionó que la definición no haya quedado en manos de la ciudadanía. “Lo mejor era que sea decisión popular y no que se defina en la mesa”, indicó, y advirtió que esto afecta la legitimidad política.
Pareja señaló que este caso también refleja problemas estructurales del sistema político boliviano. “No hay solo alquiler de siglas, hay también alquiler de candidatos”, afirmó, al referirse a organizaciones que funcionan sin identidad ideológica ni estructura sólida.
“Se ha vuelto un negocio tener una sigla”, agregó.
El analista amplió su evaluación y sostuvo que la crisis no se limita a un caso puntual, sino que abarca a todo el sistema político. Sobre el bloque popular, indicó que no ha desaparecido, pero sí quedó sin liderazgo tras la caída de su principal referente.
“El bloque popular no se ha desintegrado, pero se ha quedado sin cabeza”, explicó, al atribuir esta situación a la falta de renovación interna y a un liderazgo que no permitió una transición.
Según Pareja, esto ha generado dispersión política, especialmente en regiones como La Paz, donde antes existía un voto más cohesionado.
En contraste, afirmó que en el eje de centro y derecha tampoco hay renovación. “Hay una oferta política jurásica, prehistórica”, sostuvo, al señalar que los liderazgos tradicionales siguen vigentes sin cambios estructurales.
El analista concluyó que el país atraviesa una etapa de transición sin nuevos liderazgos claros. “Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”, indicó.
Finalmente, remarcó la necesidad de reformas profundas en el sistema político y electoral. “Bolivia necesita una reingeniería electoral”, concluyó.

