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Senamhi prevé crecidas de ríos en La Paz y advierte posibles amenazas rojas hasta marzo

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) emitió dos avisos de amenaza hidrológica, uno amarillo y otro naranja, por posibles crecidas de ríos entre el 28 y el 30 de octubre en diferentes regiones del país. En La Paz y Cochabamba se identificaron cuencas con amenaza naranja, mientras que otras permanecen bajo alerta amarilla. La institución también prevé acumulaciones de lluvia en la cuenca del río La Paz durante noviembre y diciembre. En entrevista con De Primera Mano, la jefa de la Unidad de Análisis y Pronóstico Hidrológico del Senamhi, Lucía Walper, advirtió que hasta marzo podrían presentarse crecidas con niveles de amenaza roja.

Walper explicó que los avisos fueron difundidos el 27 de octubre y que los polígonos identificados en los mapas representan las cuencas y subcuencas expuestas a posibles incrementos de caudal. En el oriente, la amenaza amarilla comprende la cabecera del río Piraí y la cuenca del Yapacaní, en Santa Cruz; mientras que la cuenca baja del Piraí fue identificada con amenaza naranja hasta el 30 de octubre. En esta última región mencionó a comunidades como Hardeman, en el municipio de San Pedro, donde se registran inundaciones y acumulaciones de agua conocidas como curichis.

También se identificaron desbordes en sectores próximos a la salida de la cuenca del río Grande. En Cochabamba, la amenaza naranja comprende la cabecera de la cuenca del río Ichilo, tanto en el sector de Santa Cruz como en el departamento, además de la cuenca del río Chapare y sectores vinculados al Isiboro Sécure, Ochoa y río 24. La alerta amarilla incluye las cuencas de los ríos Mizque y Caine, esta última con la cuenca del Rocha, en la ciudad de Cochabamba.

En el departamento de La Paz, el Senamhi identificó con amenaza amarilla las cuencas de los ríos Cotacajes y Boopi, que comprende sectores como Tamampaya, Miguillas y Zapaqui. También incluyó la cuenca del río La Paz, la del Catari, en El Alto, y sectores de Pucarani y Viacha, además de Achacachi, la cuenca del río Quecajahuira y el río Suches.

En cambio, la cuenca del río Cacá fue identificada con amenaza naranja. Esta comprende las subcuencas de los ríos Coroico, Tipuani y Mapiri, cuyos caudales confluyen hacia Guanay y posteriormente hacia Teoponte. La alerta naranja también abarca la cuenca del río Tuichi, desde Pelechuco aguas abajo, y sectores del norte paceño, como Madidi y Toromonas.

La especialista explicó que los posibles desbordes pueden presentarse de manera puntual, debido a que las características del terreno, el tipo de suelo y las secciones de los ríos varían a lo largo de cada cuenca. Por ello, aunque se emita un aviso para toda una cuenca, no significa que todos sus sectores registrarán desbordes.

En el norte del país, la cuenca del río Madre de Dios fue incluida en amenaza amarilla hasta el 2 o 3 de noviembre, al igual que el río Tahuamanu y el río Acre, en Cobija y sectores fronterizos con Perú. Walper indicó que estas crecidas tienen una dinámica más lenta porque reciben aportes de agua provenientes del sur de la selva peruana. En Beni, la alerta amarilla comprende los ríos Isiboro, Sécure, Quijamuchí y Apere, además de parte de la cabecera del río Yacuma, en Santa Rosa del Yacuma, con vigilancia hasta el 2 de noviembre.

La jefa de la unidad señaló que los mayores riesgos de inundación se concentran en cuencas de La Paz y Cochabamba identificadas con amenaza naranja. Sin embargo, aclaró que en otras regiones también pueden formarse curichis o acumulaciones de agua que afecten al ganado y a las comunidades que desarrollan actividades socioeconómicas.

Como parte del seguimiento, el Senamhi publica boletines diarios de pronóstico hidrológico y analiza, entre otros parámetros, la humedad del suelo. Walper comparó las condiciones actuales con las registradas durante el fenómeno de El Niño de 2015 y explicó que, al 25 de octubre de 2026, se observa una importante acumulación de humedad en sectores de La Paz y Cochabamba, así como en otras regiones del país. Precisó que la información satelital sobre humedad del suelo tiene un retraso aproximado de cuatro días.

La especialista sostuvo que cada fenómeno de El Niño presenta características diferentes y que sus efectos también dependen de los cambios provocados por la actividad humana en las cuencas. Mencionó la quema y tala de árboles, la actividad minera y la acumulación de basura como factores que deterioran los ecosistemas y pueden agravar las consecuencias de las lluvias.

Advirtió que, a medida que continúen las precipitaciones, los suelos pueden alcanzar mayores niveles de saturación. Cuando el terreno ya no logra absorber más agua con rapidez, las lluvias adicionales pueden generar escurrimientos superficiales y caudales extremos capaces de provocar desbordes.

Respecto a la ciudad de La Paz, Walper indicó que el Senamhi prevé crecidas y continuará emitiendo avisos de acuerdo con las condiciones de cada cuenca, tanto en las cabeceras como en los sectores urbanos y aguas abajo. Señaló que el monitoreo apunta a posibles amenazas rojas hasta marzo y aclaró que esta previsión busca anticipar riesgos, no generar alarma.

La jefa de la unidad también presentó modelos de acumulación de precipitaciones para la cuenca del río La Paz. Según el modelo europeo, para noviembre se proyectan sectores con acumulaciones superiores a 100 milímetros y otros cercanos a 80 milímetros; para diciembre, algunas áreas muestran acumulaciones aproximadas de 60 milímetros. Explicó que estos volúmenes deben analizarse para determinar qué cantidad de agua se infiltrará en el suelo y cuál se convertirá en escurrimiento superficial.

No obstante, aclaró que la probabilidad de los pronósticos disminuye cuanto mayor es el periodo de anticipación. Por esa razón, el Senamhi compara entre seis y siete modelos internacionales, incluidos los de Europa, Italia y Estados Unidos, antes de elaborar sus mapas hidroclimáticos. Estos análisis permiten proyectar escenarios para periodos de 15 días, un mes o hasta tres meses, mientras que los pronósticos diarios permiten anticipar posibles crecidas de los ríos.

Walper remarcó que el trabajo de los hidrólogos consiste en analizar cómo las condiciones atmosféricas, como las lluvias y las temperaturas, pueden afectar a las cuencas y generar riesgos de inundación o sequía.

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