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Intento de golpe y la crisis económica marcan los primeros 100 días de Lula

El presidente Lula da Silva cumplió 100 días en el poder. | EFE

El nuevo Gobierno de Brasil completó ayer sus primeros 100 días y el suceso más grave ocurrido en este periodo —el asalto bolsonarista al epicentro de la democracia— aparece desdibujado en el balance. El asunto no acapara el debate político, ha quedado en manos de los jueces y la policía mientras el presidente de la república intenta construir una relación sana con las Fuerzas Armadas. Luiz Inácio Lula da Silva se concentró, en el inicio de su tercer mandato, en resucitar los programas sociales para combatir el hambre y la pobreza más exitosos de su anterior etapa, colocar la política medioambiental como prioridad y marcar perfil propio en política exterior. Poco ha avanzado de todos modos porque las dos Cámaras del Congreso están inmersas en un pulso de poder que mantiene la agenda legislativa paralizada.

El 38 por ciento del electorado considera que el desempeño de su Gobierno es bueno o muy bueno, frente a un 29 por ciento que lo califica de malo o muy malo, según la encuesta de Datafolha publicada hace unos días.

Lula fue elegido por una exigua mayoría de brasileños con el encargo de defender la democracia y reconstruir la tierra arrasada que dejó el ultraderechista Jair Bolsonaro en cuestiones sociales, medio ambiente, cultura, mujeres o minorías. El izquierdista relanzó vía decreto presidencial programas como Bolsa Familia (contra la pobreza), Minha Casa Minha Vida (de vivienda) o Mais Médicos (atención sanitaria en áreas desatendidas), pero esas medidas caducan automáticamente a los 120 días si el Congreso no las aprueba.

Y ahí está uno de los grandes obstáculos que afronta en este arranque, explica la politóloga Beatriz Rey, de la Universidad Federal de Río de Janeiro. “Ha habido poco movimiento respecto a la agenda prioritaria del Gobierno porque es rehén del Congreso, no consigue que analice las medidas provisorias (los decretos)”. Esta investigadora especializada en el Congreso brasileño explica que la parálisis obedece más a un pulso entre los presidentes de la Cámara alta y la baja por el poder y el control de la agenda legislativa que al dominio que ostenta la mayoría bolsonarista. “Veo a la oposición desarticulada”, dice, aunque lo atribuye en parte a que el debate legislativo no ha tomado impulso. Pronostica la experta que “la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo no va a ser fácil, como no lo fue en 2003”.

Es un presidente mucho más débil

El líder del Partido de los Trabajadores, Luiz Inacio Lula da Silva, es un presidente mucho más débil que en sus dos anteriores mandatos, dicen expertos.

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